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miércoles, 8 de octubre de 2008

Ficha de Lectura

Fragmentos: “Aguas desconocidas” y “Cómo hacer un mapa, cómo llevarse un mapa”,
Libro: La isla de los mapas perdidos
Autor: Miles Harvey.


Acerca del autor y el libro:

Miles Harvey nació en 1961 en Downers Grove
, un suburbio de la ciudad de Chicago. Hijo de un maestro de escuela primaria y de una funcionaria de gobierno, creció en un hogar donde se fomentaba la lectura y la discusión sobre libros y política. Este clima familiar lo llevó a cultivar una gran pasión por la literatura y, a pesar de nunca haber salido de Chicago, una intensa curiosidad por el mundo exterior. Dichas inclinaciones definieron sus elecciones académicas: Harvey se graduó en Periodismo en la Universidad de Illinois y obtuvo un Masters en ficción en la de Michigan. Como profesional, trabajó para la agencia de noticias United Press International , fue editor de la revista In this Time y se desempeñó como escritor free-lance para prestigiosos medios gráficos.
En Diciembre de 1995, una noticia de un periódico local disparó su curiosidad. El artículo hacía referencia a Gilbert Bland, un enigmático sujeto cuyo nombre había llegado a la opinión pública tras haber sido capturado por la policía norteamericana luego de reiterados robos de mapas antiguos en bibliotecas de EEUU y Canadá. Previa consulta a sus editores, Harvey comenzó a indagar sobre la vida del misterioso ladrón. El proyecto le demandó más de un año de investigación y fue publicado en la edición de Junio de 1997 de la revista Outside. La repercusión fue tal que se le propuso extender el artículo y convertirlo en un libro, desafío que Harvey aceptó con gusto a pesar de nunca haber incursionada en el rubro. Su principal objetivo era descubrir cuál era el motivo por el que Bland había emprendido tan peculiar empresa. La negativa del ladrón a concederle una entrevista transformó su tarea en algo similar a la de un cartógrafo: sintió que completar las “lagunas” de una vida era como rellenar los espacios blancos en un mapa. El resultado, publicado en 2000 bajo el título La isla de los mapas perdidos, combinó el relato de los sucesos delictivos, con profusa y variada información sobre el tema de la cartografía e incluso material sobre su vida personal. Esta híbridez le valió duras críticas de algunos de sus colegas pero no mellaron la aceptación del libro por parte del público que en poco tiempo lo convirtió en un best-seller.

Acerca de los fragmentos en Cuaderno de Viaje y Escritura:

En “Aguas desconocidas”, Miles Harvey nos invita a conocer cómo y por qué decidió escribir el libro La isla de los mapas perdidos, cuya introducción estamos leyendo. Transcribe dos recortes que tiene colgados junto a su escritorio: uno es la biografía de un comerciante y navegante holandés del siglo XVI que fue detenido en Portugal cuando intentaba robar cartas de navegación secretas que detallaban las rutas a las Indias Orientales. En aquellos tiempos, señala Harvey, el que controlaba los mapas, controlaba el mundo, por lo que el intento de robo era plenamente comprensible. El otro recorte es la noticia de la captura de Gilbert Bland, el ladrón norteamericano que sustrajo mapas antiguos de distintas bibliotecas en EEUU y Canadá. En este caso, el móvil del delito se presenta como un enigma. Harvey, quien se auto-define como un mapperist (término que acuña para designar a aquellos que sienten gran pasión por el estudio y la contemplación de los mapas), comenta la fascinación que le produjo la historia de Bland y cómo lo llevó a escribir sobre el tema.

“Cómo hacer un mapa, cómo llevarse un mapa” es el capítulo 5 de su libro. Se encuentra dividido en dos partes. En la primera, Harvey describe con lujo de detalles la elaboración técnica de un mapa, un proceso que demanda muchísimo tiempo y requiere gran precisión y habilidad. En la segunda, nos comenta lo fácil y rápido que es robarse uno. Para ello, transcribe la explicación de cómo lo hacía Gilbert Bland: recorriendo un libro de arriba hacia abajo con un pequeña hojilla de afeitar escondida bajo su dedo. Sin embargo, alerta el autor, la tarea no es tan sencilla cómo parece. Más allá del robo efectivo, la entrada y la salida del lugar implican cruzar una frontera, transgredir la moral, adentrarse en terra incognita. Y eso sí que resulta complejo. Al terminar, Harvey procura mencionar algunos de los motivos que podrían llevar a alguien a robar un mapa: para experimentar una sensación de poder, en búsqueda de de la propia identidad o simplemente para sentir el “oscuro placer de la apropiación”.

Resonancias:

Creo que estos fragmentos pueden tener gran influencia en mi ensayo, no tanto por el contenido sino por la forma en que están escritos. Me resulta muy interesante el modo en que el autor se permite salirse de los límites de géneros, integrando el relato de los sucesos con referencias históricas, cuestiones personales, citas de otros autores, y reflexiones propias. También encuentro muy atractiva la manera en que logra plasmar una buena y sólida investigación sin reprimir sus especulaciones y conjeturas: “quizás cruzar las puertas de la biblioteca nos permita dejar atrás por un tiempo nuestros sentimientos de baja autoestima (...) tal vez robemos mapas porque buscamos un hogar.” Otro aspecto interesante de estos fragmentos es el peso de la narración y la labor descriptiva llevada a cabo por el autor, especialmente reflejada en la explicación de la elaboración técnica de un mapa. Al margen del tema que vaya a desarrollar en mi ensayo (cuestión sobre la que no encontré grandes aportes en estos textos), me agradaría que el mismo reflejara, como en Harvey, una escritura creativa pero relajada, con datos y argumentos convincentes que den lugar a la reflexión propia y de los lectores.


Bibliografía:

Stander, B. (2000) “A conversation with Miles Harvey”. Disponible en:
http://www.bellastander.com/writer/miles.htm

Thigpen, D. (2008), “Downer's Grove native Miles Harvey is a master of non-fiction storytelling”. Disponible en:
http://www.chicagotribune.com/features/booksmags/chi-miles-harvey-interview-12jul12,0,5590505.story

lunes, 8 de septiembre de 2008

Notas de Lectura

“Una metáfora viva”, de Celia Guichal
“Las figuras del viajero”
“Citas sobre el viaje”


Celia Guichal sostiene que algunas palabras tienen la capacidad de despertar en nosotros una serie de imágenes que proyectamos sobre el plano de las ideas, los conceptos, los hechos y las acciones. Y señala, muy acertadamente a mi entender, que “viaje” es una de ellas. Apenas leí el título de este texto, recordé la noción de “metáfora conceptual” de George Lakoff que estudié en Semiología del CBC, entendida ésta como una formulación abarcativa de otras tantas que se usan habitualmente en la lengua. Entre ellas estaba “la vida es un viaje”, cuyo dominio incluía expresiones cotidianas como “estar en una encrucijada”, “al borde del precipicio” o “siguiendo nuestro camino”. En aquel entonces, me era inevitable detectar y analizar metáforas en cualquier charla o texto y, por este motivo, no me resultó extraño que el tema del viaje haya sido (y sea) una inagotable fuente de inspiración para gran cantidad de autores, muchos de los cuales son recuperados por Guichal. Además, la autora destaca la indisociable relación que siempre ha mantenido éste con la narración. Respecto a este vínculo, encontré particularmente interesante la idea de que en ambos existen fronteras a cruzar. No sólo las que marcan un inicio y un fin, también las que separan la palabra de la experiencia, el mapa del territorio, un género de otro. En esos casos, acecha el peligro de lo inexplorado, de lo desconocido, del no-retorno. Al escribir, al igual que al viajar, nos vemos obligados a tomar decisiones que pueden marcar y cambiar el rumbo de lo que estamos haciendo (“rumbo”: otra vez la metáfora y otra vez el viaje).


“Las figuras del viajero” es una recopilación de definiciones de palabras que describen a personas que, por diferente motivos, emprenden viajes. Algunos lo hacen para obtener una ganancia como el comerciante o el filibustero. A otros los guía la valentía y la grandeza como el héroe o el caballero andante. Para el cronista, el etnógrafo y el naturalista tiene que ver con su trabajo. Para el místico se trata de un viaje espiritual. Para el cautivo y el exiliado, una decisión que otros han tomado por ellos.
Me fue inesperado encontrar gran interés en estas definiciones. Dos cuestiones en particular llamaron mi atención como potenciales temas a desarrollar en un ensayo. La primera tiene que ver con las semejanzas y diferencias entre conquistadores, exploradores y misioneros, tres palabras cargadas de historia y connotaciones. La segunda está vinculada a dos usos distintos de una misma palabra y al modo en que éstos se relacionan: me refiero a “pasajero”, entendido alternativamente como “viajero” y como “fugaz y accidental”.


“Citas sobre el viaje” es otra prueba de lo fructífero que ha sido este tema para la literatura. Me interesó la tríada narración-memoria-viaje y aquello de que se viaja para contarlo y que la experiencia no tendría sentido si se la olvidara o no se la compartiera con otros. Esta cuestión, además, me pareció asociable con lo del turismo y lo del tiempo, y ésto a su vez con lo que mencioné anteriormente sobre los dos usos de la palabra pasajero. Me refiero a que el turismo, con sus agotadoras excursiones y obligaciones, trastoca los tiempos al exigir el máximo aprovechamiento de la estadía en el lugar al que se ha viajado, lo cual trasforma lo que debería ser (o es vendido como) una experiencia placentera en una carga inaguantable que se esfuma en un instante y perdura sólo en las fotos y el relato que se hacen al regresar, como si todo hubiese sido simplemente para decir a los demás “yo estuve allí y estuve allá”.

lunes, 2 de junio de 2008

Notas de Lectura: Modos de la historia secreta

“Tesis sobre el cuento”, de Ricardo Piglia

 “En el mar: cuento de marineros”, de Antón Chejov

“La forma de la espada”, de Jorge Luis Borges

 “¿Por qué no bailan?, de Raymond Carver


Ricardo Piglia sostiene que todo cuento tiene una forma doble, ésto es, siempre cuenta dos historias: una concretamente visible y detectable (historia 1), y otra oculta y secreta (historia 2). Éstas implican dos lógicas narrativas antagónicas: son contadas de modo diferente. Los puntos de cruce entre ambas son fundamentales para la construcción del texto, en especial el efecto sorpresa causado por la aparición del final de la historia secreta en la superficie del relato visible. Además, agrega, es la historia encubierta la que consituye la clave de la forma del cuento.

 En el cuento de Chejov, la historia 2 llega a la superficie del relato en la forma de una descripción de lo que el sujeto protagonista y narrador del texto observa a través de un agujero ubicado sobre la pared que separa su habitación de la del camarote de luna de miel contiguo. Es una descripción exclusivamente visual, pues el “mirón” no oye nada a causa del ruido de máquinas. Por lo tanto, es tarea del lector interpretar y reconstruir la historia. Lo que el narrador ve y describe es una escena en la que dos novios discuten, el hombre intentando persuadir a la mujer de algo, tarea en la que finalmente triunfa pues cuando ésta asiente, él sonríe felizmente, sale del camarote y regresa con un banquero que tras entregarle una suma de dinero al novio, se queda sólo con la mujer. El sujeto no llega a ver la concreción de la situación, pero a los lectores nos resulta evidente que es lo que sucede a cotinuación, en virtud de nuestra sospecha sobre el motivo de la entrega de dinero.

En el cuento de Borges, la historia 2 toma la forma de un testimonio contado por un sujeto al protagonista y narrador de la historia 1. Se trata de la turbia confesión de un hombre que comienza situándose en la posición de la “víctima” del relato, para luego terminar revelándose como el victimario. La clave de la anécdota reside en una cicatriz que actúa como el disparador del testimonio (va a explicar como fue infligida) y como la evidencia de la inversión de roles (es el traidor el que recibe la marca). Se trata de un desenlace inesperado tanto para nosotros como para el sujeto narrador de la historia 1.

 En el cuento de Carver, las historias están más intrincadas. Comienza con un sujeto que ha sacado su mobiliario al jardín delantero de su casa. No se dan los motivos de dicha conducta, pero el énfasis puesto, al referirse a la cama, en el “lado de ella” hace pensar en algún tipo de desengaño amoroso. A continuación el cuento cambia de perspectiva: pasa a centrarse en un chico y una chica que ven los muebles expuestos en el jardín y, convencidos de que se trata de una liquidación casera, deciden acercarse para averiguar precios y llevarse algunos artículos. Luego de un breve intercambio sobre costos, el hombre invita a un trago, pone música e invita a bailar a la pareja. Primero lo hacen entre ellos, después la chica le pide al hombre que baile con ella. Éste acepta y dice algo muy sugerente respecto a quienes miraban lo que sucedía: “creían haberlo visto todo en esta casa. Pero no habían visto ésto, ¿eh?.” Los lectores enseguida hacemos toda clase de conjeturas sobre a que se refiere, y es inevitable relacionarlo con la sospecha del desencuentro amoroso por lo del “lado de ella” de la cama. El cuento vuelve a hacer un vuelco para terminar con la “explicación” que la chica involucrada realiza del hecho semanas después. Ésta es sin duda una historia en la que lo que no se dice despierta mayor interés que lo que en verdad se enuncia. 

Notas de Lectura: El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell

El autor sostiene que en todos los relatos hechos por el hombre, en cualquier tiempo y lugar, podemos hallar siempre una misma historia, una estructura básica con ligeras variaciones para que cuadre con la comunidad en la que circula. Se trata de la aventura de un héroe, complejo personaje de cualidades extraordinarias, cuyo camino podría esquematizarse de la siguiente forma: separación-iniciación-retorno. Destaca que esta constancia da cuenta de la unicidad del espíritu humano en sus aspiraciones, fortalezas y sabiduría.

Es inevitable al recorrer el texto, tomar conciencia de que verdaderamente en  todo tipo de relatos, desde los bíblicos hasta los cuentos de hadas pasando claro por los mitos y leyendas, es posible encontrar la unidad nuclear descripta.

El itinerario comienza con  el alejamiento del mundo cotidiano y el avance voluntario hacia el “umbral de la aventura” que debe ser vencido en orden de acceder a un mundo desconocido, lleno de peligrosas amenazas, pero también de fuerzas fabulosas dispuestas a prestar ayuda. En este exótico terreno, el héroe gana una victoria decisiva que le permite regresar a su sociedad engrandecido, dotado de nuevas fuerzas creadoras que (en el caso óptimo) serán trasmitidas a sus “hermanos”. Es justamente aquí donde el autor efectúa una aclaración que me resulta particularmente interesante: el hecho de que no siempre se logre una reintegración exitosa a la comunidad de origen, ya sea por la negativa personal del héroe o por la resistencia del resto de los hombres a comprender el valor de lo que éste les enseña. Creo que ésto puede extrapolarse a la realidad, no en términos de una reintegración “física” sino más bien, espiritual: la sensación de aquellas personas que han salido fortalecidas por la superación de experiencias fuertes o incluso traumáticas (no necesariamente viajes), que se sienten luego “distintas”, sabiéndose poseedoras de algo único e incomprensible para los demás.  

 Otra cuestión que me resultó atractiva fue la vinculación entre el contenido onírico y el mito, y en particular la noción de que en los tiempos modernos la lógica, los héroes y las hazañas míticas sobreviven en nuestros sueños. Es cautivador pensar que el inconsciente de cada uno de nosotros constituye una fuente inagotable de relatos e historias dignas de atención e interés.

 Por último, otra notable consideración que extraigo del texto reside en la idea de que, a pesar de las grandes dificultades a las que el hombre debe enfrentarse (nuevamente aquí, hago una extrapolación a la realidad y en términos no exlusivamente físicos), la fuerza para superarlas está en su propio interior, en sus talentos y virtudes especiales, pero también en la potencial ayuda de un sujeto auxiliar pues nada hace pensar que la vida deba enfrentarse en soledad.

lunes, 19 de mayo de 2008

Notas de Lectura: Estar Allí, de Clifford Geertz

En este texto el antropólogo echa por tierra la idea de que la credibilidad de un trabajo etnográfico depende de su sustantividad factual o elegancia conceptual; sostiene, por el contrario, que su capacidad de convencimiento reside en su habilidad para demostrar que el investigador ha podido penetrar verdaderamente otra forma de vida, que realmente ha “estado allí”, y para tales efectos, es absolutamente necesaria la intervención de la escritura.
Esta aserción me generó una sensación ambigua: por un lado, me hizo pensar que era evidente que se debía dar cuenta de la presencia fehaciente del antropólogo en su campo de investigación; pero por otro, puso en evidencia los (erróneos) preconceptos que operaban en mí al pensar en como redactar una etnografía: con un lenguaje “acartonado”, un vocabulario técnico y rebuscadoy una redacción totalmente impersonal.

Luego se refiere al “problema del autor”. Cita un distinción planteada por Foucalt (con quien se muestra abiertamente en desacuerdo) entre la firmeza y vigencia del “autor-función” en el campo de la ficción y el relativo anonimato de éste en el campo de las ciencias. Sostiene sin embargo que la antropología, aún siendo ésta una ciencia, está más del lado de los discursos literarios ya que los nombres personales aparecen ligados a libros, artículos y sistemas de pensamientos. Partiendo de admitir al texto etnogáfico como un híbrido entre la ficción y el informe de laboratorio, pasa a prsentar dos cuestiones.

La primera es la cuestión de la firma, el “establecimiento de una presencia autorial dentro del texto”. Al respecto señala que la dificultad radica en la paradoja que genera elaborar tetos de naturaleza científica, pero a partir de experiencias biográficas. Y agrega que la única manera de lidiar con ésto es mediante la observación de textos etnográficos. Reproduce entonces un fragmento de una obra de Raymond Firth sobre los tikopia. A pesar de ser sólo unas línas del texto completo, inmediatamente celebré la fantástica elección de ejemplo de Geertz, pues efectivamente no quedan dudas de que Firth ha “estado allí” y uno se siente comoun tripulante más de ese barco que llega a la bahía, contemplándolo y sintiéndolo todo. Una sensación similar (aunque en mi caso, no tan intensa) se desprende del texto de Loring Danforth.

La segunda cuestión es la del problema discursivo, o el “¿qué es lo que el autor autoriza?”. Aqui, nuevamente retoma a Foucalt para plantear otra distinción: entre aquellos escritores a los que puede atribuirse la producción de un texto o una obra, y los autores que son “fundadores de discursividad”, que no producen sólo textos, sino también posibilidad y reglas de formación para otros. Cita luego varios ejemplos, que me dieron la certeza de que había comprendido correctamente a a lo que se refería, pues sus nombres ya habían saltado a mi mente: Marx, Freud y, a pesar de mi reciente ingreso al estudio de la antropología (menos de la mitad de un cuatrimestre), pensé también en Levi-Strauss y Malinowski. Es interesante lo que dice a continuación acerca de que hay autores que escriben en el marco de una tradición y terminan por sobrepasar a sus modelos.

Concluye el trabajo con una reflexión que puede extrapolarse a otros casos, pues propone prestar atención a la escritura en pos de lograr una mejor comprensión y una lectura más aguda de los textos. Ésto me resultó particularmente interesante pues considero que es cierto que tenemos tan incorporada la lectura y la escritura como vehículos de transmisión y difusión de conocimientos, que no se nos ocurre problematizarlas para enriquecer nuestra producción y comprensión de textos.

Notas de Lectura: Los mares del sur, de Césare Pavese

Lo primero en lo que me hace pensar el poema es en la relación entre la voz que nos habla y su primo. Ya desde el comienzo, la mención de la palabra “gigante” al describirlo se me aparece como un adjetivo que excede la caracterización meramente física; vislumbro allí un sentimiento de admiración, de respeto. Sentimiento que probablemente ya existiera en su infancia, por el solo hecho de ser su primo mayor que él, pero que indudablemente se ha acrecentado tras el retorno de éste de su largo viaje. El hecho de que haya vuelto después de tantos años, cuando ya lo daban por muerto, y el silencio que envuelve los avatares de dicho viaje alimentan aún más el halo de misterio y admiración que lo rodean.

Me resultó particularmente seductora la manera que elige el poeta para mostrar el paso del tiempo. Comienza evocando los juegos de la infancia, los cuales no eran de cualquier clase; jugaba a ser pirata, figura que remite de inmediato al viaje, a la figura de un hombre valiente y audaz que surca los feroces mares y atravieza tormentas en busca de aventuras. Veo allí a un niño que piensa y juega, tal vez un tanto inconscientemente, a “ser” su primo. Luego la infancia abre paso a la madurez, los juegos dan lugar a los sueños y los pensamientos, los mundos imaginados se van desvaneciendo y aparecen los temores y misterios de la vida en la ciudad.

La escena de los dos primos escalando el cerro se presenta en mi mente con la claridad de una fotografía. Veo caer el amanecer a las espaldas de ese hombre bronceado vestido de blanco, que con sus pasos le indica el camino al muchacho que lo sigue, atento y encantado. Me pregunto por que ha elegido llevarlo allí, a las alturas. Y se me hace que no es sólo por la soledad y el silencio, sino también por la universalidad de algo tan puro como el atardecer. Por algún motivo, algo tan habitual como el crepúsculo es siempre un evento digno de admirarse y un disparador de recuerdos y emociones, especialmente si se lo ha apreciado desde diversos ángulos, en los distintos rincones de esta tierra. Por ello, se me hace tan gráfica la imagen del primo sonriendo al recordar los amaneceres que ha visto sobre el mar, cuando “el día ya era viejo para ellos”